Si la montaña no va a Mahoma

Para mi no hay verano sin mar ni invierno sin nieve, y como parece que este año el invierno está reticente a darme copos blancos, he tenido que salir a buscarlos. Una escapada, dos días, lo que viene siendo un ida y vuelta. ¿ El lugar? El Valle de Benasque ¿Compañía? La mejor.

 

Poder viajar fuera del fin de semana es una auténtica gozada. La carretera, los restaurantes, el hotel y la montaña han sido solo nuestros y eso…¡sienta fenomenal!

Nuestro lunes se disfrazó de sábado y el pueblo de Benasque se puso el traje de domingo a la hora de misa. Las calles estaban solitarias y a penas nos cruzamos a tres personas y un par de gatos. Nuestra actitud en estos casos suele ser más bien fisgona. Nos encanta merodear por la noche, cuando nadie nos ve, y tomar siempre la calle más oscura, pequeña o misteriosa y Benasque  es un pueblo que se presta fácilmente a ello.

El sol y el buen tiempo han querido acompañarnos en este viaje y no perderse detalle de mi primer día con raquetas. Aquí os dejo las evidencias: