Cáceres, Guadalupe y Trujillo

Tenía muchas ganas de este viaje desde hacía tiempo. Recuerdo que de pequeña mis padres solían hacer siempre parada en Trujillo o Guadalupe si íbamos a Portugal, pero la verdad es que no los recordaba. Y Cáceres era un tema pendiente desde que probé por primera vez las perrunillas que traía un colega de allí.

Ha sido un viaje express. Suelen gustarme más porque tienes mucho que hacer y ver en muy poco tiempo, por lo que es difícil aburrirse.

Salir pronto por la mañana y tomar un café por el camino suele ser nuestra rutina de viaje de carretera. Así que nos plantamos en Cáceres a las 10.30 de la mañana y dispuestos para un segundo desayuno en la plaza de San Jorge.

Con las pilas cargadas, nos dirijímos a la Plaza Mayor, que era el punto donde partía la guía para el FREETOUR. No se si estáis familiarizados con este tema, pero os lo recomiendo. Estan en todas las ciudades y suelen durar entre hora y media o dos horas. Te hacen una ruta básica de la ciudad y en muy poquito tiempo tienes un buen esquema del marco histórico de la ciudad por la que te vas a mover. Al final de la guía, tu decides cuanto pagas.

Esperabamos encontrarnos un Cáeceres repleto de gente por las procesiones de semana Santa, pero todo lo contrario. las procesiones nos dejaron la ciudad vieja bastante liberada, y casi parecía que no quedara un alma para la hora de comer y de la siesta.

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Nada más terminar la ruta, nos dirijímos a la Tapería Yuste, una recomendación de mi colega el de las perrunillas. ¡La relación calidad precio muy buena, y el trato mejor!Un paseo por aquí, unas fotos por allá, un Gin-Tónic allí y una cerveza acá…

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Dabamos por concluído el día en Cáceres. Nos quedaba una hora de coche, música y bonitos paisajes hasta Guadalupe.

A Guadalupe llegamos casi de noche. No sé si me quedo corta diciendo que probablemente el 50% del pueblo, lo ocupa el monasterio de 22.000 metros cuadrados, y era en su hospedería donde nosotros ibamos a dormir. Todavía seguimos asombrados.

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El monasterio de Guadalupe es uno de los edificios más alucinantes que he visto y la sensación de inmensidad es espectacular. Dimos un pequeño paseo por la noche, cenamos y desayunamos en la hospedería.

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Por la mañana dimos un último paseo antes de partir hacia Trujillo. Pero me sigo quedando con la estampa que deja el monasterio por la noche. Esa la tendréis que ver con vuestros ojos.

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A Guadalupe habrá que volver. Se encuentra situado en el Valle de Ruecas, un paraje espectacular lleno de rutas y actividades que no deben quedar sin hacer.

De camino a Trujillo hicimos una parada estratégica y casual en las bodegas de Ruiz Torres. Les pillamos abriendo y la chica que se encargaba de aquello fue de lo más amable. Nos dió a probar un par de vinos recomendados y nos dejo hacer algunas fotos por la finca y curiosear por el patio. Por supuesto, nos llevamos unas cuantas botellas del vino que habíamos catado.

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Por fin llegamos a Trujillo, aparcamos en la parte baja del pueblo y fuimos poco a poco ascendiendo hasta dar con la Plaza Mayor, que es espectacular.

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Decidimos comer primero y luego bajar la comida con un paseo, por aquello de poder sentarnos a comer en un buen sitio antes de que se llenase. Queríamos comer en la Troya. Cuando era pequeña mis padres nos llevaron alguna vez. Entrabas y antes de abrir la boca para pedir la carta, ya tenías una tortilla y una ensalada en la mesa. Se comía abundante comida casera de productos típicos de la zona. Al fina “La Troya”, una señora mayor con un monedero, se acercaba y te hacía la “cuenta la vieja” y daba igual que hubieras comido o cuanto; 2 adultos y dos niños era la cuenta final.

Eso ya no es así, el trato deja bastante que desear y la calidad tres cuartas de lo mismo. Pero el sitio sigue siendo el más solicitado y concurrido. Me quedo con las maravillosas vistas que pudimos disfrutar desde una de las mesas en primera fila en lo alto de la escalinata.

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Después de comer empezó el recorrido de dos horas. Ojipláticos y sin poder parar de hacer fotos fuimos descubriendo sus calles. ¡Trujillo es una pasada! no hay rincón o calle que no quieras mirar o caminar. palacetes, castillo, muralla, calles empedradas…Un casco antiguo de lo más completo que no os deberíais perder.

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