On the road

Desde hace poco tengo una fijación por las fotografías de carretera. Sobretodo los contrastes que producen el amanecer o el atardecer sobre las señales, los árboles, las montañas pero sobretodo, SOBRETODO, en las antenas y los cables. Y es así como me vino a la idea este post:

Quería escribir sobre mis viajes en carretera. Y me gustaría empezar por los primeros que recuerdo.

Los primeros fueron los peores. Me viene a la cabeza el sabor a “Fritos”. Ahora hay mucha variedad, pero yo recuerdo los fritos como una de las primeras bolsas de patatas que no eran patatas. Eran una novedad y no había gasolinera que no los tuviera. A día de hoy, inevitablemente me saben a coche, y por consiguiente a vómito. Sí, los primeros viajes fueron los peores.

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Los siguientes viajes seguían mareándome, no me extraña. Por aquel entonces no era obligatorio el cinturón de seguridad en los asientos traseros, ni siquiera creo que el Renault 19 los tuviera.  Era la época de ir tumbada boca arriba con la cabeza hacia la ventanilla (mi hermana y yo nos turnábamos, pues poco y mal cabíamos las dos tumbadas) mirando hacia el cielo, buscando figuras de perros, dragones o cualquier cosa. De esos viajes, creo que nacieron mis primeras preguntas y sensaciones sobre lo infinito y lo inmenso. A día de hoy, el cielo y el océano siguen generándome un pequeño pinchazo en el pecho. Sólo escribiéndolo ya lo estoy sintiendo.

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Pero esos viajes también tenían otras cosas: Más fritos, más vómitos, juegos de palmas, carreras de gotas de lluvia en la ventanilla, el “veo veo” y ser la primera en pedirse el “ir delante” ( esto último duraría hasta los 20 años)

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Las reglas eran sencillas, las hicimos nosotras y por eso, pocas veces metíamos a nuestros padres.

  • La primera que dijera “Me pido ir delante” ÍBA DELANTE. Se acabó. Daba igual que hubieras ido tres días seguidos, si tu lo habías dicho primero… TU ÍBAS DELANTE. Por supuesto cabía el chantaje emocional, pero no siempre colaba.
  • No podías pedírtelo para el próximo viaje, tenía que ser en una franja muy corta de tiempo que nosotras considerábamos (aunque sobretodo recuerdo la rampa del garaje) desde que sabíamos que íbamos a ir en coche y que el asiento del copiloto estaba libre.

Luego llegó otra época, la época en la que también había que pedir la música. Muchas veces coincidíamos, pero cada una tenía su cinta de “varios”. La época de cantar a dos voces; Si era Disney,  yo siempre era el chico y si era Ella Baila Sola (que bien lo hacíamos) yo era Marta. Fue la época del “Cosa Mariposa”;  éste juego creo que lo inventamos nosotras…no sé. Una decía… “cosa mariposa”,  la otra seguía… “cosa rosa”. “Cosa dolorosa”, “cosa viscosa”, “cosa venenosa”, “cosa curiosa”… Así hasta que una repetía alguna palabra o se quedaba en blanco. Seguramente estos fueron los viajes de los dolores de cabeza de mis padres.

Partes de ésta época se juntan con la siguiente, solo que en la siguiente ya teníamos Discman. Seguíamos cantando “Ella baila sola” pero solo de vez en cuando. Normalmente íbamos cada una mirando por nuestra ventana. No sé en que pensaba mi hermana ni recuerdo que música escuchaba. Pero yo, solo me inventaba historias de amor. Mirando por la ventanilla podía imaginar veranos enteros con algún chico que me gustaba. Era la época en la que el mejor momento de cualquier viaje, era el coche. La peor frase era “Hemos llegado” y la mejor “vamos a otro lado”. Maldita adolescencia.

Luego llegaron los primeros road trip con los colegas o el novio. TUS VIAJES. Las primeras veces que te descalzas y pones los pies en la guantera como lo hacía tu madre. Los Fritos fueron sustituidos por cigarros y cerveza, y por primeras veces los altavoces petaban con tu música. Las ventanillas SIEMPRE IBAN BAJADAS (odiaba esa frase de “¿alguna lleva la ventanilla bajada?”) En estos viajes no cabía el pensar.

Y POR FÍN… me saqué el carné

Fuimos hasta Navalcarnero y yo conducía por una carretera comarcal mientras sonaba “Born in the USA”. Entenderéis que desde entonces sea una de mis canciones favoritas para conducir.

Al teórico me presente con fiebre pero lo aprobé, y el práctico fueron dos intentos, ya que en el primero calé el coche dentro de una rotonda…¡ Qué desastre!

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Ya tenía el carnet. desde entonces el coche de mi madre, MI LAGUNITA, pasó a ser casi mío (menos por las multas que seguían llegándole a ella). Se convirtió casi en una casa, pero también en un gabinete psicológico. No hay mejor sitio donde llorar y pensar. Horas de carretera y música son lo mejor que me ha dado el Laguna. Grandes viajes, muchas risas y algunas lágrimas.

De él y con él me despido. Sin mi Laguna, vuelvo a ser la chica de los pies en la guantera 🙂

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